sábado, 9 de diciembre de 2017

FLAUTA NATIVA AMERICANA



Flauta nativa americana Ritual Sound


UN CORTEJO SAGRADO


El gran jefe Satanta (Oso Blanco) está sentado con otros amigos kiowas alrededor de un fuego. Les dice en un susurro: “Amo recorrer las praderas. Es cuando me siento libre y soy feliz.”

Mientras, su hijo Tene-Agopte (Pájaro Pateador) está terminando de construir una flauta en madera de cedro. La ha estado puliendo delicadamente con un canto rodado. Ahora coloca el tótem en la embocadura para que su protector cumpla su función.

Pájaro Pateador camina a las afueras del pueblo con su flauta y se sube a las ramas de un arce sagrado. Le pide al Gran Espíritu la inspiración necesaria para tocar como nunca antes lo hizo. Sólo así puede atraer a la joven Amie Kiawan, por quien suspira cada noche. Y como si un viento meciera las suaves hojas del arce, de su flauta fluye un sonido embaucador, hechicero, la más dulce de las melodías dirigida al corazón de sus amada. Amie Kiowan, siguiendo el sonido en un estado de trance, llega a los pies del arce. Aquella noche la luna se ocultó para dar sombra a los amantes.

Un cortejo primaveral en la inmensa pradera norteamericana, una flauta Kiowa, también conocida como Flauta Nativa Americana… Piensa en su finalidad. Al tocarla, el nativo deseaba incidir en el sentimiento amoroso de su amada, abrir su corazón.
¿Puede un sonido crear la atmosfera adecuada para sobrecoger, para acercarte al otro/a de manera abierta, tierna, con total confianza? 


 UNA FLAUTA ORIGINAL


Flauta nativa americana Ritual Sound-kiowa


La flauta y el tambor son los instrumentos nativos americanos legendarios. Hechas de bambú, madera, caña, hueso o cerámica, las diferentes tribus elaboraron durante generaciones sus flautas. Hoy en día se emplea el cedro, el nogal o el abedul.

Las tribus de las praderas consiguieron crear un instrumento de fácil ejecución pero de muy compleja elaboración. Normalmente las flautas de pico o frontales son totalmente huecas, y gracias al orificio en forma de bisel que se hace cerca de la embocadura, suenan razonablemente bien.

Sin embargo, las flautas nativas conllevan un proceso distinto que las hace únicas.
A poca distancia de la embocadura se crea una pared que divide por dentro la flauta en dos. Ese obstáculo hace que el aire se dirija hacia un orificio superior, donde está una pieza de madera -tótem o protector- cuya misión es pasar el aire de nuevo a la flauta por una estrecha separación. De esta forma, el aire se introduce de nuevo en la flauta a una presión mucho mayor, dando forma así al característico sonido cautivador de esta flauta.


LA MÚSICA SANADORA



Flauta nativa americana



La flauta nativa posee otra particularidad. A pesar de tener seis orificios para digitar, uno de ellos se puede tapar, de forma que quedan cinco para formar una escala pentatónica. Esto quiere decir que no hace falta ningún conocimiento musical para desarrollar melodías emotivas y evocadoras.

Nos gustaría aconsejarte que la flauta sea de una sola pieza. Algunos artesanos abren la madera para vaciarla más cómodamente y luego pegar las dos partes. Esto hace que la vibración no sea uniforme y el sonido desigual. Si puedes acceder a una flauta agujerada con precisión, mucho mejor.

El mundo de las flautas nativas es muy variado. Las hay de todos los tamaños y escalas. Estas son las dos más comunes:

-La mediana está en una escala de Do y puede ser una buena elección para principiantes. Brinda un sonido medio aunque con tendencia al  agudo.

-La grande ofrece el sonido más natural y amoroso de todas las escalas. Está afinada en Fa sostenido, que corresponde al chacra del corazón.
El sonido arquetípico de este instrumento es grave y melodioso. Si cierras los ojos te transporta inmediatamente a un estado de paz y de apertura, parecido al que podría sentir Amie Kiowan cuando se sentó bajo el arce de su amado.

 La flauta nativa pertenece al elemento aire. Su sonido flota en esa dimensión que  te hace sentir como una parte del todo. Tocarla te abre a la naturaleza, a la vida.

También puede evocar experiencias y recuerdos desagradables. En manos de un terapeuta o sanador de sonido, puede influir en estados subconscientes de personas que tienden al decaimiento, depresión y apatía.

El indio nativo estaba profundamente unido a la naturaleza. Sus tierras eran su vida, y la recorría siguiendo la migración de las grandes manadas de bisontes. Creía en el Gran Espíritu, de donde emana la vida de todo ser viviente y que a él vuelve como en un círculo que todo lo une.
“Vi en el espíritu”, decía Alce Negro, “la forma de todas las cosas que deben vivir juntas como un solo ser”.

La Flauta Nativa puede ayudar en tu camino de ser parte del Todo
Fuente: http://elblogderitualsound.blogspot.com.es/search/label/Instrumentos%20del%20mundo

martes, 24 de octubre de 2017

Consejos para acabar con el "tengo hambre a todas horas"

Primero: no compre todos los saciantes del herbolario

Un aperitivo con su cervecita. Una buena ensalada césar, bien de queso y bacon. Un plato de chuletas de cordero. Frititas, crujientes. Y con patatas para acompañar. Menuda comida; un festival calórico digno de un emperador romano. Pero, ay, ¿cómo decir que no a esa mousse de chocolate? Y a la galletita que ponen con el café. "Bueno, al menos, no cenaré", pensamos. Un yogur y a la cama. Pero de eso, nada, porque tiene hambre a todas horas y llegan las nueve y al yogur se le suman una tortilla de queso y un par de lonchas de jamón. En resumen: todo el día comiendo.
Pero, ¿cómo es posible? Sencillo: porque el apetito y la sensación de saciedad no están siempre relacionados con la ingesta de alimentos. Así lo afirma un estudio de la Universidad de Sheffield, que ha demostrado que el hambre no está vinculada a la cantidad de calorías ingeridas. Al menos, no únicamente, porque hay mucho más: al previsible gasto de energía —por aquello de que el cuerpo es iteligente y sabe cuándo debe parar— hay que sumar los estímulos visuales y olfativos, los hábitos alimenticios y otros factores sociales, psicológicos y emocionales. Vamos, que al hambre no sólo se la combate comiendo. Entonces, ¿cómo?

El hambre está en su cabeza (y más)

Por docenas de factores. "En el apetito influyen complicados sistemas neurohormonales localizados a nivel cerebral, que implican al sistema periférico autónomo —el que regula los órganos y el equilibrio interno del organismo— y también al plano gastrointestinal", avanza Javier Tejedor, profesor de Alimentación en la Universidad Internacional de La Rioja y experto en Nutrición.
En otras palabras: con el estómago vacío, el cuerpo nos demanda un aporte de calorías para recuperar energía. Lógica pura. Pero, además, en la sensación de hambre influyen otros estímulos externos como el olor o el aspecto de los alimentos, factores patológicos relacionados con los trastornos alimenticios, el aspecto emocional e, incluso, el clima y la idiosincrasia de cada sociedad.
Es una cuestión multifactorial que se organiza en torno a tres tipos de apetitos, según la nutricionista del gabinete MenjaSa Rosa María Espinosa: "Por un lado, el físico, el del 'necesito comer para vivir'; por otro, el emocional, el que se revela cuando hemos aprendido a calmar las emociones comiendo y, por último, el de paladar, aquel que nos empuja hacia determinados alimentos cuando llevamos mucho tiempo sin comer".
Por eso, y como afirma la investigación de la Universidad de Sheffield, el hambre no se pasa únicamente comiendo. En su estudio, el doctor Bernard Corfe examinó los resultados de 462 análisis sobre el apetito, constatando que más de la mitad no encontraron ninguna conexión entre la ingesta de alimentos y la desaparición del apetito, y que sólo el 6% establecía una relación directa entre las dos variables.
En una línea similar, el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación también afirma que el hecho de tener hambre está motivado por otros condicionantes como el cansancio o el nivel de estrés y ansiedad.
De no entrar en juego todos esos factores, tan sólo el fisiológico marcaría la pauta: ingerimos calorías, las hormonas del estómago y de los tejidos grasos —como la grelina o la leptina— informan al sistema nervioso de que estamos comiendo y este entiende que el cuerpo ha recargado baterías, indicándole que ya no debe comer más. Fin. Pero este proceso, visto lo visto, se queda corto para explicar por qué siempre tenemos sitio para el postre.

¿Realmente sacian los saciantes?

Regular. Bernard Corfe afirma que "la industria alimentaria está llena de productos que se comercializan en base a esas propiedades, prometiendo saciar el apetito, pero no aseguran en ningún caso una menor ingesta de calorías". Porque, en vista de la complejidad del proceso, todos esos complementos parecen no contar con suficientes avales.
"De nada sirve confiar en esos productos si no trabajamos en nuestra relación con la comida o con nuestro cuerpo", confirma Espinosa: "Si sabemos que el apetito es conductual y no fisiológico, habrá que trabajarlo desde ese punto de vista; todo lo demás será un parche que no atacará la raíz real del problema".
En la misma línea, la especialista de Endocrinología del Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid Iris de Luna también apuesta por modificar la relación con la comida: "Somos mediterráneos y, por nuestra cultura, no quedamos a correr sino a comer una paella, vinculando las emociones a la ingesta". Y va más allá, apostando por la educación desde la infancia, desligando el concepto de recompensa de la comida, por ejemplo, las chocolatinas. "Al niño hay que premiarle con cariño, no con un bollo; ese es el camino para configurar una relación sana con la alimentación".
El profesor Javier Tejedor aconseja "no recurrir a productos farmacológicos, aunque se publiciten como 'naturales' sin el consejo de un especialista, que marcará la dosis y las pautas para incorporarlos". De hacerlo quizá observemos efectos a corto plazo, pero "nos expondremos a riesgos que deben ser valorados por un profesional", confirma.
"No existen pastillas o brebajes mágicos. No se trata de hacer esto para eliminar lo otro, tomando el complemento como la panacea", explica la endocrina Diana Boj, que afirma que estos productos pueden tener cierto efecto pero, al ser el apetito algo multifactorial, jamás serán la solución definitiva para atajarlo.
Entonces, ¿qué? "Está probado que la fibra, por ejemplo, sí tiene efectos saciantes", dice, "por lo que los productos que la utilicen también lo serán de algún modo. Pero jamás en el mismo grado para todos, ni con el mismo efecto ni efectividad". Por eso, ella apuesta también por comer siempre con cabeza, sin sucumbir a los sentidos.

El comer, como el rascar

Todavía no ha aparecido la sentencia y, en este asunto, resulta fundamental resaltarla: el comer, como el rascar. Por eso conviene plantearse antes de empezar si realmente tenemos hambre o no. "Puede no ser apetito sino aburrimiento, ansiedad… En la cultura de la inmediatez, ser conscientes de cuál es nuestra relación con la comida es crucial", afirma Iris de Luna, que también alude a la complejidad del tema: "Debemos tomar como base el ajuste entre lo que comemos y lo que consumimos, además de crear una dieta equilibrada combinada con ejercicio".
Y, realmente, ¿se puede controlar el apetito? Buenas noticias: es posible. Al menos, se puede intentar. A la consabida huída de los picoteos entre horas le acompañan otras técnicas útiles como, por ejemplo, mantener unos niveles correctos de hidratación.
Pero hay más, según la endocrina Diana Boj: "Se deben sustituir los zumos, aunque sean naturales, por las piezas de fruta enteras, para ingerir también la pulpa. También conviene masticar bien y comer despacio, además de hacerlo sin distracciones como la televisión para tener conciencia y control sobre lo que estamos haciendo", enumera.
Aconseja no saltarse el desayuno y establecer un plan regular de comidas, evitar en la medida de lo posible el estrés y su canalización en forma de picoteo entre horas, prescindir del alcohol y las bebidas azucaradas, tener un patrón de sueño ordenado y, por último, "adquirir un estilo de vida saludable que incluya ejercicio y dieta, y entender que esta es para siempre, que no debe suponer pasar hambre sino asumirse como una forma constante de relacionarnos con la comida".
En definitiva, comer siendo conscientes, determinando el origen del hambre y evitando hacerlo sin razón. Esa parece ser la pauta. Y las de arriba, algunas de las técnicas para mantener a raya el apetito desmesurado. Quizá, si es necesario y si se busca algo de placer, haya que dejarse las uñas largas y quedarse sólo con el rascar.
Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/10/23/buenavida/1508762545_723272.html?id_externo_rsoc=FB_CM_BV

domingo, 10 de septiembre de 2017

Mitos sobre el mate: verdades y mentiras que siempre escuchamos...



El mate es muy popular en Argentina y Uruguay, se ha convertido en un hábito cotidiano para buena parte de las personas que allí viven. Por el mismo motivo, existen algunos mitos sobre el mate, que en realidad no siempre son verdad. Desterremos, entonces, estas falsas verdades.

El mate no sirve como alimento
La infusión de yerba mate tiene muchos nutrientes, aporta vitaminas B1, B2 y más de diez tipos de aminoácidos, hierro, magnesio, sodio y potasio. Tiene la capacidad de aumentar los niveles sanguíneos de colesterol bueno (HDL), elevando en el nivel sanguíneo una enzima (paraoxonasa -1) que funciona como un factor cardioprotector.

El mate ayuda a adelgazar
El mate no sirve específicamente para adelgazar, sin embargo, como infusión sin el agregado de azúcar puede consumirse en el desayuno o merienda, incluso ayuda a calmar la ansiedad oral.

El mate reemplaza al desayuno
No está mal tomar mate al desayunar, sin embargo, al tratarse de la comida más importante del día, es necesario incluir otros alimentos. Al menos, cuatro alimentos de los grupos básicos: lácteos, cereales, frutas, azúcares y grasas, señalan especialistas.

El mate ayuda a alcanzar los dos litros de agua por día
El mate tiene efecto diurético, por lo cual es bueno para combatir la retención de líquidos, pero sin embargo no puede reemplazar al agua pura por este mismo efecto. El agua tiene la función de ingresar en diferentes células, tejidos u órganos. Es por ello que se debe beber agua sola en buena parte, aunque se puede agregar parte del líquido diario en mate y otras bebidas.

No hay que tomar mate de noche porque quita el sueño
La yerba mate no interfiere directamente en proceso del sueño. Si bien la materna es estimulante y contribuye a aportar energía mental, ayuda a la capacidad de concentración y la resistencia a la fatiga,no desestructura el sueño.


El mate propicia la celulitis
La celulitis surge a consecuencia de una sumatoria de factores que incluye malos hábitos alimentarios, el sedentarismo, los cambios hormonales y la genética.

El mate en grandes cantidades es inocuo
En cierta manera, es importante limitar el consumo de mate, pues consumido en exceso, puede inflamar el hígado y el bazo. Además, no se recomienda en caso de padecer problemas articulares, como artritis, artrosis, dolores óseos o reuma. Lo ideal es tomar mate una vez al día.

El mate tiene efecto laxante
Efectivamente, el mate ayuda al tránsito intestinal, y de hecho es un buen acompañante de los tratamientos agudos o crónicos de estreñimiento y trastornos asociados.

El mate es mejor amargo
Desde luego, es mucho mejor evitar el consumo de azúcar, así que las personas que se acostumbran a tomarlo amargo ganan en este sentido. De lo contrario, se recomienda utilizar edulcorantes o stevia, que es un endulzante natural.

El mate produce acidez
Las personas con gastritis, con malestar estomacal o con acidez frecuente, deben limitar mucho o eliminar el consumo de mate, porque es cierto que produce acidez.

Fuente: Club del Mate
Escrito: Natalia Vidoz
Fuente: http://cronicasinmal.blogspot.com.es/2016/02/mitossobre-el-mate-verdades-y-mentiras.html